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El nacimiento de Pablo... La alargada sombra de las expectativas

Lunes, 25 Julio 2016

El nacimiento de Pablo... La alargada sombra de las expectativas

Hoy es viernes. Para mi mujer y para mí eso implica, al igual que para muchas otras parejas con niños pequeños, supongo, la antesala del descanso semanal. Permite mandar las prisas a freír espárragos durante dos días. Y eso se agradece. ¡Ay, si se agradece! Tanto que hasta las redes sociales -un magnífico "pulsómetro" social, desde mi punto de vista- se han hecho eco de esta "fiestecilla", proliferando innumerables videos y "memes" sobre este hecho. Se me viene a la mente concretamente el video que una compañera de formación nos envió al grupo de WhatsApp recientemente: un orangután con acento andaluz y los brazos más largos que una "meá" cuesta abajo canturreando y celebrando que ya era viernes. ¡Qué ingenioso! Y desde luego menos vulgar y sexista que otros que se han creado y compartido con el mismo propósito.
Y cuando va cayendo la noche y el niño ya está dormido, entonces es cuando llega el culmen de la tranquilidad. Nos sentimos como MacGyver en una ferretería, pletóricos. Deseando darle un buen "tute" al sofá antes de irnos a la cama, después de engullir una buena cena, regada con un "digestivo" de re-postre. Y, por supuesto, viéndonos la televisión a nosotros, en lugar de nosotros a ella. "Frititos", vamos.
Pero este viernes noche al que me estoy refiriendo es "algo" diferente. Mi mujer está embarazada y salió de cuentas el pasado lunes. Y cada segundo, cada minuto, cada hora, puede ser un buen momento para que nuestro segundo hijo, Pablo, decida venir al mundo. Y en ésas estamos, en momentos de tensa espera. Más tensos que Garfield en un capítulo de "La Patrulla Canina". Pero muy felices e ilusionados, con ganas de ver la carita de Pablo y de Ricardo (nuestro primer hijo) después de conocer a su hermano. Esperemos que no lo "canee" nada más verlo, como sucedía en otro video (creo que verídico) que se hizo viral en las redes sociales hace algún tiempo, en el que un niño guanteaba sonoramente a un bebé ante el terror de sus padres y el estupor de los familiares y allegados allí presentes, que decidían poner fin de forma apresurada a la grabación ante tamaña "chuleta".
Yo espero no verme en una de éstas con mi hijo mayor, por Dios. Y sobre todo teniendo en cuenta que fue él quien me convenció para volver a probar las mieles de la paternidad. Mi mujer ya lo estaba pidiendo a gritos, pero yo no lo veía tan claro. No obstante, a pesar de ello, en alguna que otra ocasión me había cogido la lluvia sin "chubasquero". Pero a comienzos de este año, haciendo cola en la puerta del Ayuntamiento para ver a sus Majestades los Reyes Magos de Oriente (pasando más frío que en la Romería de Moscú), no se le ocurre al niño otra cosa que pedirle al Rey Gaspar un hermanito, tras preguntarle éste "¿qué quieres que te traiga este año, Ricardo?". El Rey Gaspar, como buen mago de Oriente (galeno el resto del año, especialista en aparato digestivo para ser más exactos), supo salir del paso y le dejó bien claro que sólo yo y mi mujer podíamos hacer realidad su deseo. ¡Hombre, está claro! Hasta ahí podía llegar la broma. Sólo faltaba que se hubiera puesto "a pico y pala" con mi Tere. Lo revoleo, vamos. Ni mago ni "ná". Y nos pusimos manos a la obra, quedando mi mujer en estado allá por el mes de Marzo.
Pero eso fue hace unos meses. Aquí y ahora estamos cumplidos, cenados, y viendo "Sálvame Deluxe" en el sofá (sí, "Sálvame Deluxe", que yo sé que mucha gente no lo ve porque ve documentales de leones marinos o películas subtituladas de la 2; yo ya vi todos los que quería ver, por ahora). Estamos inmersos en el cambio de ondas cerebrales de vigila a sueño. Entretanto Belén Esteban, poniendo "a parir" a su ex-representante, intenta sacarnos de nuestro letargo, con poco éxito hasta el momento. Estamos a punto de caer en las garras de Morfeo, cuando de repente me dice mi mujer: "¡Niño, contracción! Mira, toca la barriga, mira que dura". Pues sí que está dura, la verdad. Después de cuatro o cinco contracciones más, me dispongo a mirar el reloj para intentar controlar el intervalo temporal entre ellas, y mi mujer se enfada y me dice "¡deja ya de mirar el reloj, anda!". Ofú... esto va "palante" ya. Esa mala leche es presagio de algo. Parto a la vista...
Después de varias contracciones, regulares en intensidad y frecuencia, decidimos dejar de dormir en el sofá para seguir haciéndolo en la cama. A ver si podemos descansar algo. Si Pablo nos deja, claro está. Y lo hace durante algunas horas. ¡Mi niño! Yo caigo en seguida, creo que a los hombres no nos quita el sueño ni la Coca-Cola (sin generalizar, en absoluto). A eso de las cuatro de la madrugada más o menos, mi mujer me despierta y me dice que las contracciones continúan con regularidad. Son ya algo más intensas y tumbada en la cama le resultan dolorosas, por lo que decide levantarse. Yo la acompaño y nos vamos al salón. Valoramos la opción de poner ya a nuestros padres y madres en jaque, pero la verdad es que la hora no es muy buena. Decidimos esperar. Mi hijo Ricardo sigue dormido como un tronco. Menos mal. ¡Mi niño!
Mi mujer tiene saque, no tanto como yo, pero también es una buena "tragaldabas". Con las contracciones se le ha despertado el apetito, la pobre, y me pide que le prepare algo para desayunar, a eso de las cinco y media de la mañana aproximadamente. Nos metemos los dos entre pecho y espalda media viena "tostá" (un 40 más o menos) y un café. Así se "contrae" mucho mejor. Y yo lleno el buche también, que lo mismo esto se acelera y a ver si me va a dar un "tabardillo" en el hospital por tener el estómago vacío. Sólo faltaba eso, vamos, mi mujer pariendo y yo haciendo un "cuerpo a tierra". Mejor comemos algo, a ver si voy a dar el espectáculo.
Una vez avisados mis padres y mis suegros, estos últimos son los primeros en llegar a nuestra casa, ya que viven muy cerca de nosotros. Se quedarán con nuestro hijo Ricardo hasta que mis padres lleguen y puedan hacerse cargo de él. ¡Organización! Mi suegra trae más mala cara que un chino con diarrea, la pobre. Dice que cada vez que su hija pare, ella también lo hace. Y me lo creo, totalmente. Y mi suegro viene nervioso, lo cual tampoco es raro. Es un hombre permanentemente alerta, como una alarma "Verisure". "Constant tension", como decía Torrente en una de sus películas. Actualmente jubilado, se desarrolló laboralmente con solvencia y profesionalidad como gestor de compra en una potente empresa del Polo Químico de Huelva. ¡Pero qué gran técnico en prevención de riesgos laborales se perdió! Anticipa el peligro, y te monta un dispositivo "código rojo" en un "plis-plas".
Llegamos al hospital sobre las ocho y media de la mañana. Pasan a mi mujer a monitores y yo me quedo fuera, donde ya hay otros padres y abuelos esperando. Es curioso ver cuán diferentes somos unos de otros. Ante situaciones de estrés, a unos les da por hablar compulsivamente (es mi caso, "casco" por los codos), otros se quedan petrificados (por el miedo, supongo) y sus rostros adoptan rictus "ceriles", otras personas no hacen más que caminar y dar vueltas por la sala... La espera resulta bastante corta, ya que al poco tiempo sale una auxiliar y llama al marido de Teresa. ¡Ése soy yo!
Mi mujer y yo pasamos a una consulta cerca de la sala de monitores, donde van a hacerle un tacto. Yo me quedo esperando, tras unas cortinas plisadas que dividen la estancia en dos zonas. ¡Cuál será nuestra sorpresa cuando nos dicen que viene totalmente dilatada! ¡Qué la cosa está a punto! Le pregunto a la ginecóloga si podría ir al parking del hospital a coger una maleta que tengo en el coche y me dice que sí, pero muy deprisa. Yo soy una persona obediente, y eso hago, correr por el hospital, más que Carl Lewis después de trincarse un batido de nandrolona. Y yo no estoy lo que se dice en forma, desde luego. Pero me conciencio y vuelo por los pasillos del hospital, hasta recoger la maleta y volver a la zona de paritorios, casi con los pulmones en la boca. Mi mujer ya se encuentra sobre una camilla en la sala donde hará el expulsivo, en la cual estará todo el tiempo que los facultativos estimen oportuno después de dar a luz, pasando posteriormente a la segunda planta del hospital.
Le asisten el parto un buen número de profesionales sanitarios, entre la matrona, la ginecóloga y dos auxiliares. Más gente que en la guerra, en comparación con el parto de nuestro hijo Ricardo, donde varias parturientas "luchaban encarnizadamente" por monopolizar las atenciones de una matrona, que además trataba de consolar a una enfermera de "mediana edad" que (entre sollozos) le comentaba triste e indignada que le habían denegado unos días de vacaciones que había solicitado, "después de tantos años trabajando en el hospital..." ¡Ay que "vé"!
La matrona no se separa de mi mujer, mientras que las auxiliares entran y salen de la sala, en pareja. Me resulta curioso y le digo a una de ellas (no callo ni debajo del agua): "¡qué lujo, las auxiliares por pareja, como la guardia civil". ¡Vaya gilipollez! Pero las mujeres se ríen y una de ellas le zampa un beso a mi mujer en la frente y le dice "...cariño, que bien lo estás haciendo". ¡Me la como! La matrona es un poco más seria, pero en el continuo de seriedad, quien gana es la ginecóloga. Pero bueno, tampoco esto es una romería. Están asistiendo un parto, no viendo una actuación de Paco Gandía (que en paz descanse). Lo más importante es que son profesionales, y bastante correctas. ¡Vamos al lío del Monte Pío!
La cosa va rápido, tan rápido que después de tres o cuatro buenos empujones (eso mi mujer, yo di 23 por lo menos, una de las veces creo que hasta se me escapó un pedo, que disimuló la "algarabía" de la sala, hasta las trancas de gente) Pablo ve la luz del mundo a las 10.55 horas de la mañana. Después de romper a llorar, lo ponen sobre el pecho de mi mujer, que entre sollozos no deja de decir "...¡ay, mi Pablo. Qué guapo, Dios mío... mi Pablo...! Y a mí se me cae alguna que otra lágrima como un garbanzo de Escacena. El milagro de la vida. ¡Qué pasada, carajo!
Todo transcurre estupendamente. Mi Pablo ha sacado pleno de sobresalientes en el Test de Apgar, ha cogido bien el pecho (¡cómo tira el bicho, qué fuerza tiene!), ha echado una buena "mortelá" (hasta ha rebosado, llegándome a manchar de "chapapote" la manga de mi camisa) y mi mujer se va recuperando a velocidad de crucero.
A última hora de la tarde hay cambio de planes y decidimos que yo permanezca esa primera noche en el hospital con mi mujer y mi hijo recién nacido. Como las butacas de los acompañantes en este hospital son tan "cómodas", paso gran parte de la noche en vela, sumido en mis pensamientos. Ha ocurrido todo tan rápido que casi no he tenido todavía tiempo de hacerme a la idea. Reconozco en mí una sensación difícil de expresar. Estoy muy contento, pero tengo una sensación de extrañeza que no acabo de elaborar. Parece todo tan raro, como si se tratase de un sueño. Creo que esto también pudiera deberse a la felicidad. "Ha ido todo tan bien que parece mentira", como se suele decir. Estoy feliz, pero hay algo más. Creo que puedo estar experimentando algo similar a lo que en Coaching suele denominarse "quiebre". Para los lectores legos en la materia, "estoy un poco fuera de juego", vamos.
Ya lo tengo... Han entrado en juego mis "primas", las expectativas. Al retrotraerme al nacimiento de mi hijo Ricardo, lo he visto claro. Tan diferente ha sido el uno del otro.... No se me pasaba en absoluto por la cabeza que en esta ocasión todo pudiera ir tan rápido. Y así ha sido, contra todo pronóstico. El mío, claro está. Pero un pronóstico erróneo, totalmente. Sesgado por las experiencias previas, que habían generado en mí unas expectativas, que -al no verse cubiertas- han provocado quizá en mí esta sensación tan extraña. La brecha entre lo que esperaba y lo que realmente ha sucedido. Lo cierto y verdad es que en esta ocasión yo iba preparado para correr la maratón de New York, y al final todo ha quedado en la milla urbana de Punta Umbría. Y tan probable era que se diese una "carrera" como la otra, pero ahí estaban mis expectativas, construidas en base a mis experiencias previas, para condicionar mi vivencia del nacimiento de mi segundo hijo y mis emociones y sentimientos ante el mismo.
Creo, desde mi punto de vista, que en muchas ocasiones las expectativas cercenan nuestra amplitud de miras. Te impiden ver, valorar y dar cabida a otras realidades, igualmente plausibles, pero a las que el yugo de nuestras vivencias ha relegado a un lugar menos probable, es más, "invisible" en muchas ocasiones. Pienso que el "coach" debe controlar sus expectativas, al igual que sus creencias y juicios, para no "contaminar" los procesos que desarrolla con sus "coachees". El verdadero protagonista del proceso es el "coachee". ¡Vaya reto! A mí aún me queda para eso. "Es la gracia del barbero, afeitar donde no hay pelo".

A mis hijos, Ricardo y Pablo, mis mayores legados de amor al mundo. ¡Os quiero!

Ricardo A. Verdejo Rocataliata. 

Psicólogo, Mediador Familiar y Coach Integral. 

Comentarios (7)

  • Anónimo

    Anónimo

    25 Julio 2016 a las 23:04 |
    Genial!....Enhorabuena!
    Su comentario está a la espera de aprobación.
  • Maria

    Maria

    25 Julio 2016 a las 23:33 |
    Qué preciosidad de relato! Lleno de emoción y de sentimiento... No encuentro un tema mas bonito sobre el que escribir... Y como siempre, con moraleja "Coach". A mi también se me ha caído algún " garbanzo de Escacena". Enhorabuena, tanto por el relato como por tu niño!
    • Administración

      Administración

      26 Julio 2016 a las 00:48 |
      Muchas gracias María. Me alegro que te haya gustado. Besos!
  • Maria Jose

    Maria Jose

    26 Julio 2016 a las 10:43 |
    Enhorabuena por esta tercera entrega y muchas gracias por compartir ese momento tan especial con tus seguidores, ¡ay los abuelos, si no fueran por ellos........!Adelante a por el cuarto.
    • Administración

      Administración

      26 Julio 2016 a las 14:20 |
      Muchas gracias Mª José. Para mí es un placer compartir mis experiencias y aprendizajes con vosotros. Los abuelos son imprescindibles en nuestra sociedad actual, como apoyo para la crianza de los hijos. Besos!
  • Antonio

    Antonio

    09 Septiembre 2016 a las 08:46 |
    Felicidades. Buen relato y gran reflexión.
    • Administración

      Administración

      09 Septiembre 2016 a las 17:34 |
      Muchas gracias, Antonio. Un abrazo!

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