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Gordo, si quieres te recojo las mesas en bragas... El poder de la actitud

Martes, 04 Octubre 2016

Gordo, si quieres te recojo las mesas en bragas... El poder de la actitud

Hoy colaboro en la radio, en un programa de Coaching que se emite en una emisora local. Una de las coach formadoras de la Escuela me preguntó si quería participar en esta ocasión en el programa, y no me lo pensé dos veces. ¡Al toro! Otra experiencia más para la "buchaca". Después se unió a la invitación otra compañera de formación, Alexandra, la "Gata Salvaje del Coaching", como yo la he "bautizado". No sé si araña o no (supongo que sí, cuando le dan motivos, como cualquiera), pero tiene una mirada "gatuna" espectacular. Pero no es la única que he bautizado en estos meses que llevo de formación: también está "La Lola Flores del Coaching", "La Vaquilla Coach", ... Y otros más que ni ellos/as ni yo mismo sabemos aún.
Es la segunda vez que hago una colaboración en radio. La primera fue hace ya algunos años, cuando trabajaba en el Equipo de Medio Abierto de la Asociación Tierra Nueva, interviniendo con menores y jóvenes infractores, sujetos a medidas judiciales. En esa ocasión, participaba en un programa de radio que realizaban dos compañeras de la entidad, del Área de Empleo, en la radio de la Universidad de Huelva. Mediáticamente, el tema de los chicos y chicas que delinquen era muy jugoso por aquel entonces (y pienso que continúa siéndolo en la actualidad), por lo que tuvieron a bien invitarnos a varios miembros del Equipo para "instruir" sobre este tema desde las ondas.
¡Cuántos recuerdos se me vienen a la mente! Los cinco años y medio que trabajé en el Centro de Inserción Sociolaboral "Valdocco" fueron maravillosos, creciendo como profesional, y -más importante aún- como persona. Era un trabajo emocionalmente duro, reinsertar (o al menos intentarlo con ahínco y compromiso total) a menores (jóvenes en la mayoría de los casos, que habían infringido la ley en su minoría de edad, por lo que se les aplicaba la Ley Orgánica 5/2000 de Responsabilidad Penal de los Menores), en el 99´9 % de los casos contra su voluntad (desde mi experiencia). Trabajábamos con material "sensible", "inflamable" diría yo en muchos casos.... Pero chicos y chicas, al fin y al cabo. Cuando por aquel entonces alguien se interesaba por cómo me ganaba la vida, y saciaba su curiosidad, la pregunta que venía a continuación casi siempre solía ser la misma: "¿y no te da miedo trabajar con delincuentes juveniles?". Y yo respondía que no, que disfrutaba haciendo lo que hacía más que un testigo de Jehová en una fábrica de puertas. Me apasionaba, de hecho. Tenían la mayoría ya a su edad más kilómetros que el furgón del Equipo A, pero definitivamente no dejaban de ser chicos y chicas (éstas en un proporción bastante inferior, pero muy "guerrilleras"), con edades comprendidas entre los 14 y los 19 años aproximadamente. Y yo ya había pasado por esa etapa de la vida en "mi vida", ése era el hecho. No por las puñeteras circunstancias de mierda que les había tocado vivir a muchos de ellos, por suerte, pero había vivido esa etapa y seguía teniéndola muy presente (todavía incluso la tengo a día de hoy, con 38 tacos), lo cual me permitía (junto a otras habilidades y competencias) sobreponerme a las dificultades, que no eran pocas. Con mucha pasión, responsabilidad, disciplina y fe en los chicos. Hombre, y un buen "capote de grana y oro" que no tuve más remedio que irme bordando con los años, que también hay que decirlo. Porque esta gente sabía latín, griego y arameo, y en la vida, lo que no te mata, te hace más fuerte. Y algunos de ellos eran como "El Increíble Hulk", macho. ¡Me enseñaron tanto esos chavales y chavalas!
Al retrotraerme a mis años trabajando en "Valdocco" y volviendo al momento presente, me viene a la mente una idea. Son curiosos los papeles que nos va tocando representar en los diferentes momentos de la vida. En ese primer "cameo" en las ondas, me expresaba en calidad de técnico (¿especialista?) en Reforma Juvenil. Estaba trabajando, con un contrato indefinido, y además tenía la suerte de hacerlo con absoluta vocación y dedicación en algo que me encantaba. Y hoy, varios años más tarde, desempleado desde hace casi un año y medio, voy a colaborar en la radio en calidad de coach en proceso de formación. Estudiante, vamos. Porque aunque sea psicólogo, no creo que la invitación haya venido por ahí, sino para que valore cómo estoy viviendo y aplicando la formación en mi día a día. ¿En qué papel me siento más cómodo a día de hoy? En el de experto... En mi persona, claro está. En esas estoy, en proceso de autoconocimiento, de descubrirme y potenciarme, de reinventarme. Convertirme en un Experto, pero en mí mismo. Con eso me conformo.
Quedo con mi compañera para tomar algo antes de nuestra colaboración radiofónica. La recojo en su casa y aparcamos cerca de la emisora. Ale me propone tomar café en un bar situado enfrente de la emisora, bar de barrio, de los de toda la vida. Cuando llegamos se encuentra vacío, sólo el camarero tras la barra (intuyo que también propietario del negocio; mis sospechas se confirman tan sólo unos minutos después), que nos atiende viva y amablemente. Hasta "parafrasea" el tipo ("café con leche con la leche templada y dos de azúcar, en vaso, y café manchado en taza mediana, ¿verdad?"; sólo le faltó el "si os he entendido bien...."). Nos sirve y nos sentamos cerca de la puerta. De repente, el bar comienza a animarse un poco e irrumpen en el mismo conocidos del dueño, supongo que parroquianos asiduos del establecimiento, que con el pretexto de tomarse una caña o un cafelito echan un rato de "charleta" y guasa con el tabernero. La última en entrar en el establecimiento es una chica morena, de mi quinta más o menos, con ropa deportiva y melena tímidamente recogida, que se sienta en la barra y refiere al dueño: "oye, ¿necesitas a alguien para trabajar los fines de semana?". Tras la negativa del hombre, insiste, "afinando" su propuesta: "¿no necesitas a nadie que te eche una mano el sábado, de verdad?". Éste continúa firme en su negativa, pero la chica no ceja en su empeño, poniendo ya toda "su carne" en el asador: "Gordo, si quieres te recojo las mesas en bragas, eh?..." El "Gordo" y los allí presentes no pueden contener las risas, pero la chica (que tiene salida y más amaneceres que el Hombre Lobo, seguramente), sale airosa del lance: "Oye, que tú no me has visto a mí en bragas, eh! Que tengo un tipazo, Gordo... Piénsatelo, anda". Todavía sorprendidos por la "autocandidatura" de la chica, pago los cafés y nos dirigimos a la emisora, porque el tiempo ya apremia.
En la puerta de la emisora se encuentra Pilar, esperándonos. Subimos y tras hacer las pertinentes pruebas de sonido, comenzamos el programa. Transcurre con normalidad y cordialidad. Pilar se mueve como pez en el agua en el mundo de la comunicación, da gusto escucharla hablar, con esas "eses" interminables que sólo enseñan en "Los Madriles". Y mi compañera y yo creo que nos encontramos a gusto también. A mitad del programa aproximadamente, a colación de una intervención mía, el conductor del programa me devuelve en forma de pregunta (bastante larga, a mi modo de ver) que le resulta muy inverosímil que a un psicólogo (como yo, mismamente) el coaching le esté permitiendo conocerse mejor a sí mismo y aportándole herramientas. Claro, es que al licenciarnos en Psicología, inmediatamente después, se nos abren los "chakras" y la naturaleza humana (propia y ajena), deja de ser un misterio para nosotros, los psicólogos. ¡Qué poder, hermano! Alcanzamos el "kundalini" al superar el último crédito de la carrera, en ese preciso instante. Pues no, amigo, considero que no es así. Al menos en mi caso, te lo aseguro. Cada vez tengo más claro que debo aprender más. Esa "china" no entra en mis zapatos actuales. Llevo plantillas y ahí no cabe ni el bigote de una gamba, cuanto más una "china" de radio.
Pero es normal y entendible que existan este tipo de creencias en la sociedad. Ya nos alertaban en la facultad sobre ello: "el buen psicólogo para la sociedad es alguien extrovertido, altruista, desprendido, bondadoso,...". Y un sinfín más de cualidades más que no deseo recordar. Este tipo de creencias, que para mí no dejan de ser roles que se atribuyen (erróneamente) a las profesiones, tienen que ver con el sentido de coherencia, supongo. A mí me choca ver a un médico fumar, lo reconozco. O a un deportista. Pero siempre desde mi concepto de coherencia, que no tiene por qué ser igual al tuyo o al del vecino. A mi mujer también le pasa últimamente, y me deja más cortado que la toalla de Freddy Krueger, la puñetera. Cuando no soy capaz de ver que mi hijo mayor se comporta mal en ocasiones para llamar la atención y entro al trapo, me dice: ¿y tú eres psicólogo?...". También ahora, en pleno proceso de formación en coaching, cuando no gestiono "adecuadamente" mis emociones, me dice: "Ehhhh, tú, coach... ¿qué pasa contigo, eh?..".
Al finalizar el programa de radio, nos despedimos de Pilar y acerco a "La Gata" a su casa. Cuando llego a la mía no dejo de darle vuelta a la escena del bar. La "oferta" de la chica. Mientras pagaba los cafés no pudimos dejar de comentar la "jugada" con el dueño, que le decía a Ale: "a ti ni se te ocurra pedir trabajo así, eh..". Inmediatamente, el consejo del hombre me llevó a la situación nuevamente y a cómo yo había elaborado la misma, desde mi observador, desde mi sistema de juicios y creencias. "¡Qué manera de denigrarse, macho!... Debe tener mucha necesidad, desde luego, para pedir trabajo de esa forma...". Confieso que incluso llegué a mirarle el culo y todo cuando salía del bar para ver ese "tipazo" del que había presumido minutos antes. Hasta que el tabernero me dio un "guantazo de realidad", de éstos que te dejan la cara más colorada que el culo de un mandril: "...pero tiene una actitud ante la vida, la pobre.. Con lo que está pasando... A ésta no la tumba nadie, te lo digo yo".
¡Dios mío! Este hombre sabe más de coaching y es más coach que yo cien pares de veces. ¿Cuántas conversaciones de coaching habrá tenido en su bar? Debe tener más "horas de vuelo" que el piloto de los Rolling Stones. Esa es la clave, la actitud. Con una actitud positiva, no te tumban. No porque no puedan realmente hacerlo, sino porque tú no te dejas. Yo lo asemejo al "optimismo inteligente", un concepto que descubrí hace unos días en un video en "Youtube", buscando material para preparar una sesión de motivación y empoderamiento. Puede que no tenga nada que ver una cosa con la otra, pero a mí me nace esa analogía.
Desde que iniciamos la formación en coaching con la Escuela he escuchado en varias ocasiones hablar de la "actitud coach". Al igual que me ocurre con otros conceptos en el coaching (como "fluir", "esencia",..), me cuesta trabajo verlos, entenderlos. Pero en ocasiones los reconozco y los "atrapo". Y en esos instantes me siento bien y me digo: "Aaaaahora...". Hoy me ha pasado esto con la "actitud coach". Como decía Santa Teresa de Jesús, entre otras muchas cosas: "Nada te turbe, nada te espante. Todo se pasa... La paciencia todo lo alcanza... Eleva al pensamiento, al cielo sube, por nada te acongojes, nada te turbe... Con pecho grande, y, venga lo que venga, nada te espante..." Coaching en estado puro.

A la vida, por ser mi gran escuela de Coaching. 

Ricardo A. Verdejo Rocatalita.  

Psicólogo, Mediador Familiar y Coach Integral.

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