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La vida le dio una segunda oportunidad... Coaching informal

Jueves, 08 Septiembre 2016

La vida le dio una segunda oportunidad... Coaching informal

Hoy es el "DÍA 2"...O el día después de haberme iniciado en una actividad deportiva tan exigente como el "crossfit", después de casi seis años aproximadamente sin practicar actividad física alguna. ¡Qué valor! Tengo agujetas hasta en el paladar, en músculos que ni creía que pudiera tener en mi cuerpo. Estoy más flojo que el "peo" de un borracho. "Año nuevo, vida nueva", como se suele decir. Pero este comienzo de año voy a tardar en olvidarlo, sin duda alguna. Al levantarme hoy de la cama, casi he tenido que echar una instancia a mi córtex motor para mover cada músculo de mi cuerpo.
A pesar de ello, me siento bien. Estupendamente bien. Para los que hemos practicado deporte con cierta regularidad e intensidad (aunque fuera casi cuando se llevaban las calzonas "marcapaquete", por la mitad de los muslos), ya tenemos desarrollada la "vía del placer" (deportiva; en mi caso "fuera de servicio" desde hacía varios años). En ausencia de práctica deportiva, yo la he "puesto en servicio" estos años atrás con reuniones sociales, buenos "fletes" con mi mujer, comilonas en el restaurante de mi tío, buen cine,.... Pero cuando la activamos con el deporte... Eso es otra historia. Nuestro cerebro se inunda de endorfinas tras el esfuerzo, generando un bienestar muy particular. Y cuando después llegas a casa y te das una ducha con el agua bien "calentita", el tiempo parece detenerse.
Pero en la vida hay otras cosas aparte del deporte. Como los hijos... y sus actividades extraescolares. ¡Vaya faena! Desde pequeños ocupándoles el tiempo, estructurándoles la vida y planteándoles actividades "muy estimulantes y beneficiosas para su desarrollo". Claro que sí, ¿no? A veces, mi hijo Ricardo me dice que no quiere ir a las clases de inglés, que prefiere quedarse en casa jugando. Lo apuntamos a esta actividad porque desde pequeño le ha gustado ver en Youtube canciones populares inglesas y dibujos animados en esta lengua; ¡si lo hubiera sabido!... En estos casos, mi mujer y yo le decimos que ya podrá jugar cuando llegue de las clases. Y el pobre se conforma. Es más bueno que el pan.
Pues eso, esta tarde es una de las dos tardes por semana en las que mi hijo tiene clases de inglés. Como en la mayoría de las ocasiones, él no tiene ninguna prisa (por otro lado, ¿para qué leches tendría que tenerla?; la prisa es un constructo adulto). Ni para levantarse por las mañanas para ir al colegio, ni tampoco por las tardes para acudir a las actividades extraescolares. Él va a su ritmo, se distrae, juega, me pide "cinco minutos", me vuelve a pedir "cinco minutos",.. Pero hoy ya vamos más apretados que un pedo en una visita, por lo que para que no nos "coja el toro" tengo que hacerlo yo prácticamente todo. Vestirlo, prepararle y darle la merienda, peinarlo... Lo cual no es mucho tampoco, para qué vamos a engañarnos, pero después de tu primer entrenamiento en "crossfit" (en un estado de forma física tan lamentable como el mío), te cuesta trabajo hasta parpadear, cuanto más vestir a un niño.
Llegamos al centro donde mi hijo recibe las clases de inglés con el tiempo justo. Hemos llegado por los pelos. En algo menos de una hora tengo que estar en el "Box" para proseguir mi martirio "crossfitero", y aún tengo que merendar algo (si no, con la intensidad del ejercicio, me puede dar un "tabardillo" y liarla parda en mi segundo día) y cambiarme. Tomo otro camino distinto al habitual para regresar a casa, menos transitado, para evitar encontrarme con gente. Yo soy más cumplido que un luto, y soy incapaz de decir "hola... y adiós". Por contra, me suelo parar y darle trabajo a la "sin hueso"... "Hombre, ¿qué tal?... ¡Cuánto tiempo!... ¿Cómo te va todo?...".
Como suele pasar en estas ocasiones, por aplicación directa de la Ley de Murphy, como llevo prisa, pues me encuentro a un amigo que hace algún tiempo que no veo. Saliendo de su casa, con más mala cara que "El Fary" chupando un limón (que en paz descanse). Creo que trata de pasar desapercibido, pero yo lo aviso. Encima... "Soy más tonto que por encargo, leches... con la prisa que llevo...". Le saludo, "¿qué tal, tío?.. ¡Estás perdido, eh!". Me responde que está convaleciente de un accidente de tráfico, el cual por poco le cuesta la vida. El coche ha sido declarado por el seguro siniestro total y él se encuentra de baja médica, con latigazo cervical y todos los perejiles "chungos" que conlleva el verse involucrado en un accidente de coche. Molido, vamos. ¡Ofú... anda que tengo yo un tino! Estoy quedando peor que "El Nini" en Córdoba, que lo cogió el toro en el "paseíllo". Pero bueno, me repongo sobre la marcha y me convierto en una oreja gigante. El rostro de mi amigo adopta un gesto de gravedad mientras detalla lo ocurrido. Todavía está todo muy reciente.
Cuando me dispongo a despedirme, de forma apresurada porque casi hemos empezado a hablar, me pregunta por mi hijo (el mayor, no sabe que hemos vuelto a ser padres hace poco más de un mes). Le cuento un poco acerca de mi heredero (ya no el único, por lo que sería más acertado hablar del primogénito) y me revela que él también va a ser padre. Le doy la enhorabuena, pero su rostro no rebosa precisamente alegría. Me comenta que su pareja decidió poner fin a la relación sentimental que mantenían, personándose diez días después en su centro de trabajo para comunicarle que estaba en estado. A pesar de la ruptura, ha optado por no interrumpir el embarazo. ¡Todo un detalle por su parte!... ¡Ofú quillo!... "La cornada es fuerte. Tiene al menos dos trayectorias. Una para allá y otra para acá. Abra todo lo que tenga que abrir y lo demás está en sus manos"... Más o menos.
Se me viene a la mente lo abordado en la última sesión formativa en Coaching Integral con los profesionales de la Escuela con la que me estoy formando. Nos referían que el coaching no sólo tiene por qué llevarse a cabo exclusivamente en contextos formales, sino que también puede desarrollarse en ámbitos menos pautados, más informales. Es una herramienta poderosa que puede aplicarse siempre que exista alguien a quien acompañar para hacer posible la consecución de una meta, un objetivo, promocionar su crecimiento y bienestar personales... Por ello, no sólo debiera circunscribirse a la práctica profesional con un "coachee" (cliente). Podemos hacer coaching en nuestras vidas, con nuestros amigos, familiares, conocidos. Se trata de practicar, observar los resultados, ir construyendo, modelando, perfilando nuestro modo particular de hacer coaching.
Yo tenía algunas dificultades para entender cómo se podía hacer coaching fuera del ámbito profesional. Pero después de lo vivido hoy, ya no me ha quedado ninguna duda. A mi amigo le hubiera venido estupendamente una sesión de coaching informal, callejera, en frente de una peluquería-barbería para "hipters". Pero tendría que haber sido también "exprés", y yo por aquel entonces no tenía aún la suficiente formación ni destreza en coaching, y menos aún con prisas. Pero no vayáis a pensar que dejé a mi amigo solo con su "tostá de manteca colorá". En absoluto. Si el tiempo no me hubiera apremiado y hubiera poseído más competencias en coaching (mayormente esto último), habría formulado preguntas poderosas para proponer a mi amigo la posibilidad de percibir la realidad que le estaba tocando vivir de un modo diferente. Él tenía muy claro que había estado a punto de morir en un accidente de tráfico y que su pareja, en estado, había decidido poner a la relación sentimental que mantenían, prefiriendo ser madre soltera que compartir un proyecto de familia con él. Y todo ello era cierto. ¿Pero no era menos cierto que había vuelto a nacer y que la vida le regalaría un/a hijo/a en los próximos meses? Estaba tratando de propiciar en él un "cambio de observador" (sin darme cuenta, fui consciente de lo que había intentado después, reflexionando sobre lo ocurrido y mi forma de actuar ante la situación). Lo cierto es que por la premura que me rondaba, tomé algunos atajos (en relación a las técnicas del coaching), poniéndome la "bata" de psicólogo (la tengo, no soy un "intruso") más que el "uniforme" de coach. De un modo u otro, mi amigo agradeció que hubiera intentado aportarle otra visión de su realidad, menos dolorosa y algo más alentadora. Y eso me conmovió, la verdad.
La vida te va poniendo por delante improvisados "coachees". Y ello, para los que estamos formándonos en coaching y asimilando lo que ello supone, es un auténtico lujo. Y un verdadero regalo. Debemos aprovechar estas situaciones para ir poniendo en prácticas las herramientas que vamos aprendiendo e interiorizando en la formación. Así, al igual que "el hábito hace al monje", la práctica "hace" al coach. Así que "ojo (y oído) avizor". Y practiquemos, pues.

A mi amigo, para que sepa seguir viendo el vaso "casi" lleno, ¡Mucha suerte!

Ricardo A. Verdejo Rocataliata

Psicólogo, Mediador Familiar y Coach Integral 

Comentarios (2)

  • Noelia

    Noelia

    17 Septiembre 2016 a las 21:08 |
    Me ha encantado tu texto. Efectivamente es un revalorizar ayudará cualquier persona con algo tan poderoso como la palabra. A mi me pasa aunque no soy coach, pero si me encanta y me llena ayudar a todo el que puedo escuchando y dando siempre una palabra de aliento. Gracias x tus publicaciones.
    Un saludo!
    • Administración

      Administración

      18 Septiembre 2016 a las 22:03 |
      Gracias a ti, Noelia, por leer mis relatos. Todo un placer. No hace falta ser coach para saber escuchar y ayudar a los demás. Si te llena y reconfortas a la gente con tu escucha, no te hace falta nada más que ganas de seguir haciéndolo. Un saludo!

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